Un estudio publicado el 23 de julio de 2026 en la revista Science reconstruye por primera vez la trayectoria de la diversidad lingüística mundial a lo largo de los últimos 12.000 años y revela que la humanidad atravesó una auténtica 'edad dorada' de las lenguas entre hace 1.000 y 3.000 años, cuando se hablaban decenas de miles de idiomas en todo el planeta. La investigación, fruto de una colaboración internacional entre lingüistas, demógrafos y biólogos evolutivos, desafía la visión tradicional de que la extinción masiva de lenguas comenzó hace apenas 500 años con la expansión colonial europea.
El equipo, codirigido por Damián Blasi, profesor de investigación ICREA en el Centro de Cerebro y Cognición de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y con la participación de la lingüista de Yale Claire Bowern, combinó datos etnográficos de 171 sociedades cazadoras-recolectoras y pescadoras, estimaciones de población prehistórica y modelos estadísticos y sociocomputacionales para reconstruir la evolución lingüística durante el Holoceno. Como no existe evidencia directa de lenguas antes de la aparición de la escritura hace unos 6.000 años, los investigadores tuvieron que recurrir a métodos indirectos.
Los modelos arrojan que hace 12.000 años, cuando la población mundial se estimaba entre 4,4 y 7 millones de personas, existían probablemente entre 4.500 y 6.200 lenguas. Contrariamente a lo que cabría esperar, el mundo anterior a la agricultura no era excepcionalmente rico en idiomas, sino más bien lo contrario. 'Lo más probable es que hubiera menos lenguas que en la actualidad. La diversidad lingüística creció después, junto con la población humana, durante miles de años', explicó Blasi.
A medida que las poblaciones se expandieron tras el advenimiento de la agricultura y la innovación tecnológica, la diversidad lingüística también lo hizo, hasta alcanzar su pico hace entre 1.000 y 3.000 años. Fue entonces cuando decenas de miles de lenguas coexistían en el planeta. Sin embargo, esta edad dorada se vio truncada por el auge de los estados y los imperios multinacionales, cuyos grupos dominantes difundieron sus lenguas, culturas y patógenos entre poblaciones previamente independientes.
El estudio concluye que las lenguas de los estados e imperios en expansión sobrevivieron de forma desproporcionada, mientras que las de las poblaciones absorbidas, desplazadas o en declive desaparecieron. Según Bowern, profesora de lingüística en la Facultad de Artes y Ciencias de Yale, esto significa que las aproximadamente 7.600 lenguas que se hablan o se señan en la actualidad representan 'una muestra pequeña e históricamente sesgada' de las que alguna vez existieron, lo cual tiene implicaciones profundas para el estudio de los patrones globales en el lenguaje y la cultura.
Uno de los hallazgos más significativos del trabajo es que el declive lingüístico no es un fenómeno reciente vinculado exclusivamente al colonialismo europeo, sino un proceso que se remonta al menos dos milenios, asociado a la concentración política y demográfica. 'El lenguaje no está aislado de las corrientes políticas y esta dinámica ha sido una faceta de la historia humana durante mucho más tiempo del que se pensaba', señaló Bowern, quien añadió que 'las corrientes políticas no tienen que moverse en una sola dirección. No es inevitable que las lenguas en peligro se extingan'.
La investigación, financiada por la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos, fue posible gracias a la integración de múltiples disciplinas y bases de datos, incluidos los registros de Ethnologue, un catálogo comprehensivo de las lenguas del mundo. Los modelos generaron miles de trayectorias posibles conectando las estimaciones de lenguas al inicio del Holoceno con el presente, y todas coincidieron en señalar el mismo patrón: un crecimiento sostenido durante milenios, un pico hace entre 1.000 y 3.000 años y un declive acelerado posterior.
En términos prácticos, los autores subrayan que este 'cuello de botella' histórico sesga nuestra comprensión de la diversidad lingüística, cultural y cognitiva humana. Las lenguas que hoy estudiamos son las supervivientes de un proceso selectivo vinculado al poder político y militar, no necesariamente las más representativas de la variedad que existió en el pasado.
De cara al futuro, el estudio ofrece una perspectiva tanto preocupante como esperanzadora. Preocupante porque confirma que la diversidad lingüística viene disminuyendo durante milenios y que hoy es una fracción de lo que fue. Esperanzadora porque, como señala Bowern, la dinámica política puede revertirse: las lenguas en peligro no están condenadas a desaparecer si existen políticas de revitalización, apoyo comunitario y reconocimiento institucional. Iniciativas como las que se desarrollan con lenguas indígenas en América Latina, Nueva Zelanda o Escandinavia demuestran que revertir la tendencia es posible.
El trabajo abre además nuevas líneas de investigación sobre cómo los grandes cambios demográficos y políticos han moldeado no solo las lenguas, sino también las culturas, las tecnologías y los modos de pensamiento de la humanidad a lo largo de milenios.
