En un ensayo publicado en 2026, la escritora Arundhati Roy examina la intrusión de la inteligencia artificial en la literatura y la sociedad, argumentando que esta tecnología está erosionando la coherencia social y la capacidad humana de discernir la verdad. Roy describe la era de la IA como un momento de ruptura catastrófica, donde las herramientas de generación automática han reemplazado la intuición y el esfuerzo intelectual, creando una experiencia de lectura mecánica y deshumanizada. El texto critica la postura de los ejecutivos de las grandes tecnológicas, quienes, según la autora, han minimizado las advertencias de científicos y activistas, priorizando el beneficio económico sobre la seguridad colectiva. Roy destaca casos específicos de whistleblowers, como Jacob Coxon de Anthropic, Meredith Whittaker de Google y Timnit Gebru, quienes denunciaron riesgos de seguridad, sesgos raciales y ambientales en los modelos de lenguaje. La autora contrasta la narrativa de los 'oligarquas' tecnológicos, que promueven la supervivencia y la innovación, con las críticas de expertos como Geoffrey Hinton, señalando una desconexión entre la industria y la realidad social. El ensayo concluye que la falta de regulación y la ignorancia de las voces críticas por parte de la élite tecnológica podrían llevar a una pérdida de identidad colectiva y a una crisis de confianza en la realidad, comparando la situación con la pérdida de instintos aprendidos durante siglos.
