El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, presentó una promoción de 800 viviendas construidas con módulos 3D prefabricados en madera, con el objetivo de abaratar costes y reducir plazos frente a la crisis de vivienda. Proyectos similares ya se ejecutan en Andalucía, la Comunidad Valenciana y Soria, donde Langa de Duero ha levantado siete viviendas industrializadas de hormigón en tres días.
Varios expertos consultados coinciden en que la industrialización aporta ventajas claras: acorta los tiempos de construcción, reduce residuos, mejora la eficiencia energética y permite mayor control de costes. Sin embargo, advierten de que estas técnicas no abaratan automáticamente el precio final para el comprador o inquilino, salvo que el promotor sea el cliente o existan políticas públicas de vivienda asequible. Además, la impresión 3D integral in situ apenas se ha aplicado en edificios de hasta dos plantas y presenta condicionantes técnicos que limitan su escalabilidad.
Arquitectas como Margarita de Luxán y Carmen Díaz López, junto al ingeniero Gerardo del Río, subrayan que la vivienda industrializada es una herramienta útil para ampliar la oferta, pero no resuelve por sí sola una crisis que depende del suelo, la regulación urbanística, la financiación y el funcionamiento del mercado. En zonas rurales despobladas como Soria, estos proyectos pueden activar oferta habitacional, aunque fijar población exige además servicios, conectividad y empleo.
