Lucas Atkins, director de tecnología de Arcee, un laboratorio estadounidense de IA de código abierto, considera infundado el temor de que los modelos chinos de pesos abiertos, como Kimi K3 de Moonshot AI o Qwen de Alibaba, supongan un riesgo de ciberseguridad para las empresas que los despliegan en sus propios centros de datos. Atkins sostiene que esos modelos no funcionan como un programa con código malicioso intencionado: quien los crea no puede acceder a ellos una vez instalados en el entorno del cliente, y el código descargable de Hugging Face es revisable.
El debate ha cobrado fuerza ante los rumores de que la Administración de Trump podría llegar a prohibir estos modelos, una medida que beneficiaría precisamente a Arcee, que ofrece alternativas nacionales. Atkins argumenta que la verdadera amenaza para los laboratorios propietarios como OpenAI o Anthropic es económica, ya que los modelos chinos ofrecen inferencia a una fracción del coste por token. Las grandes organizaciones, explica, someten cualquier modelo a pruebas de seguridad, lo reentrenan y lo auditan antes de usarlo en producción, y cada vez construyen aplicaciones agnósticas al proveedor.
El directivo incluso reconoce que Arcee se beneficia de la calidad de los modelos chinos, ya que puede estudiarlos y construir sobre ellos. En su lugar de competir mediante prohibiciones, aboga por impulsar un ecosistema abierto fuerte en Estados Unidos.
