Peter Norvig, director de Investigación de Google, sostiene en este ensayo clásico que la promesa de los manuales "Aprenda X en 24 horas" es engañosa: nadie llega a programar con soltura en un fin de semana. La investigación sobre adquisición de expertise —desde el ajedrez hasta la composición musical, pasando por la natación o la neurología— cifra en torno a los diez años el tiempo necesario para dominar un campo. La clave no es la repetición ciega, sino la práctica deliberada: fijarse tareas ligeramente por encima del nivel actual, analizarlas y corregir errores.
Norvig ilustra el argumento con casos como el de Mozart, prodigioso a los cuatro años pero que necesitó trece más para producir música de primer nivel, o el de The Beatles, que tras años en clubes de Liverpool y Hamburgo publicó Sgt. Pepper's en 1967. También recuerda la regla de Henri Cartier-Bresson de que las primeras 10.000 fotografías son las peores, y la cita hipocrática "ars longa, vita brevis" para recordar que todo oficio requiere una vida entera.
Frente a los atajos editoriales, el autor propone una receta: interesarse por la programación por diversión, practicar de verdad, leer y estudiar el código de otros programadores, y, si se quiere, completar una formación universitaria. Aprender solo con libros, concluye, deja una sensación parecida a la de un padre primerizo: la experiencia real siempre enseña más que miles de páginas de expertos.
