Anthropic sostiene que su estrategia de competir en la frontera de la inteligencia artificial no contradice su advertencia sobre los riesgos catastróficos de esta tecnología, sino que es la condición para poder moldearla de forma segura. La compañía, valorada recientemente en casi un billón de dólares, opera sobre dos creencias: la IA es la tecnología más transformadora de la historia y su llegada es inevitable, y el mundo estará mejor si Anthropic se mantiene en la vanguardia del sector para acumular el capital, el cómputo, el talento y la influencia política necesarios para liderar en seguridad. Fundada en 2021 por exempleados de OpenAI que desconfiaban de Sam Altman, la empresa se autodefine internamente como la de los "buenos", según exempleados citados por WIRED. El consejero delegado Dario Amodei y el cofundador Sam McCandlish han defendido públicamente que solo compitiendo al máximo nivel se puede ejercer la influencia suficiente para imponer salvaguardas razonables. La investigadora Helen Toner, exmiembro del consejo de OpenAI, compara la filosofía de Anthropic con la de un grupo de aldeanos que entra antes que nadie en un bosque lleno de tesoros y monstruos para domar a estos últimos. La organización es una public benefit corporation, lo que formalmente le permite anteponer el beneficio de la humanidad a los beneficios, aunque sus críticos señalan una homogeneidad ideológica vinculada al movimiento de la seguridad en IA y al altruismo eficaz, que puede limitar el debate interno. Entre las controversias recientes figura su acuerdo con Palantir para ofrecer servicios de IA a agencias de inteligencia y defensa de Estados Unidos, una decisión que generó debate interno sin cambios de política. Anthropic declinó hacer comentarios para este reportaje.
