Un profesor universitario narra en primera persona la experiencia vivida con un estudiante de tercer año —al que llama Joe— durante un proyecto de investigación independiente centrado en la verificación automática del protocolo MQTT mediante un modelo de lenguaje. El relato, escrito como advertencia, ilustra cómo las alucinaciones propias de los LLM pueden trasladarse al estudiante cuando este delega por completo su trabajo intelectual en la herramienta.
En la primera semana del trimestre, el docente plantea a Joe un proyecto viable: elegir entre dos problemas, verificar la coherencia interna de la especificación del protocolo MQTT o comprobar si implementaciones concretas del protocolo cumplían dicha especificación. Para la tarea se propuso usar un ajuste fino del modelo Qwen con ayuda de Claude o Gemini.
Joe no acude a las reuniones semanales y se presenta en la octava semana con un proyecto aparentemente completo: un agente basado en Qwen, con estructura de carpetas, datos de entrenamiento y referencias al protocolo. El profesor le pide que explique su trabajo y descubre, con estupor, que el estudiante había volcado en Claude Code la transcripción de la reunión inicial y dejado que la IA ejecutara todo el proyecto. Además, el experimento era metodológicamente inválido: Claude había generado los datos de entrenamiento y de prueba, no existía una implementación externa de referencia y no había línea base con la que comparar.
En las semanas siguientes, el profesor concede a Joe varias oportunidades para que estudie lo que la IA había hecho. En la novena semana, Joe repite términos como AST sin entender su significado; en la décima, consigue dibujar un diagrama básico del proceso de verificación. El texto, que queda interrumpido a mitad de frase, sirve al autor para defender que la corrección formal no equivale a comprensión real, y para alertar sobre los riesgos educativos de un uso acrítico de los modelos de lenguaje en la formación superior.
