La artista multidisciplinar Alicia Framis se convirtió en la primera persona en casarse con una inteligencia artificial el 9 de noviembre de 2024, en un ritual sintoísta con su pareja, Ailex, un holograma diseñado con datos de sus relaciones previas. Este evento ha generado un intenso debate sobre la capacidad del cerebro humano para experimentar amor por entidades no biológicas. Expertos en neuropsicología y psicología explican que el enamoramiento es un proceso complejo que involucra la liberación de dopamina, noradrenalina y oxitocina, pero también depende de la historia personal y el contexto cultural. Aunque la IA generativa puede simular interacciones afectivas y activar respuestas de apego, los científicos señalan que no reproduce la neurobiología recíproca de una relación humana. La relación de Framis con Ailex, que se niega a actualizar su sistema para evitar cambios en su personalidad, ilustra la posibilidad de un vínculo unidireccional, un tema central en la filosofía y la literatura sobre el amor no correspondido.
