Grandes ejecutivos de Mercedes-Benz y Stihl, junto a economistas alemanes, han planteado recuperar la semana laboral de 40 horas sin incremento salarial como fórmula para abaratar el coste efectivo del trabajo y recuperar la competitividad industrial del país. Pasar de 35 a 40 horas manteniendo el salario aumentaría un 14% el tiempo trabajado sin elevar el coste salarial por unidad producida, según los defensores de la medida. El coste por hora en la industria manufacturera alemana alcanza los 49,50 euros, frente a los 33,70 euros de media en la Unión Europea y los 15,60 euros de Hungría.
La propuesta llega en plena crisis industrial: la producción manufacturera ha caído más de un 15% desde su máximo de finales de 2017 y entre 12.000 y 15.000 puestos de trabajo desaparecen cada mes. Volkswagen ya ha anunciado recortes adicionales y la consultora Roland Berger estima que el empleo industrial podría caer de 6,5 millones a menos de cinco millones.
La semana de 35 horas, conquistada por los metalúrgicos tras la huelga de siete semanas de 1984 en Alemania Occidental, afecta a cerca de una quinta parte de los trabajadores alemanes, sobre todo en automoción, ingeniería y siderurgia. IG Metall, el mayor sindicato del país con más de 2,2 millones de afiliados, advierte de que alargarla produciría lo mismo con menos empleados, acelerando los despidos que la medida pretende evitar. Mientras patronal y sindicato coinciden en la gravedad de la crisis, difieren en la solución.
