Yuka, la aplicación francesa que escanea códigos de barras de productos alimentarios y cosméticos, cuenta con 85 millones de usuarios en doce países y se ha convertido en un referente del creciente fenómeno del seguimiento alimentario. Estados Unidos concentra 28 millones de usuarios, seguido de Francia con seis millones y el Reino Unido con alrededor de cinco, según datos facilitados por la empresa. Su fundador y consejero delegado, Julie Chapon, trasladó la sede operativa al país norteamericano hace tres años por el volumen de negocio alcanzado allí.
La aplicación asigna una puntuación de 0 a 100, con un código de colores verde, amarillo y rojo, y alerta sobre aditivos, grasas saturadas o azúcar. Una encuesta interna de 2024 sobre 20.000 usuarios reveló que el 94 % devolvió al lineal algún producto tras obtener una calificación roja. La cadena francesa Intermarché, con más de 2.100 tiendas, afirma haber reformulado más de 3.000 recetas y eliminado 160 aditivos desde 2017 a partir de estas puntuaciones, y desde abril muestra los resultados de Yuka en su tienda 'online'.
Junto a Yuka conviven otras herramientas como la base de datos colaborativa Open Food Facts, creada en 2012, y el etiquetado Nutri-Score, impulsado por el investigador Serge Hercberg. Expertos en política alimentaria, como Christian Reynolds, recuerdan que la tecnología es solo una parte de la solución y que la mayoría de los consumidores no dedica tiempo a analizar etiquetas. Hercberg coincide en que estas herramientas llegan sobre todo a la población con mayor nivel socioeconómico, no a la más expuesta a enfermedades ligadas a la dieta.
