Robert J. Sawyer, autor de ciencia ficción ganador de los premios Hugo y Nebula, explica por qué WordStar fue durante décadas el procesador de texto preferido por escritores como Arthur C. Clarke, George R. R. Martin, Anne Rice y el propio Sawyer, en lugar de alternativas más extendidas como WordPerfect o Microsoft Word. Lanzado en 1978 por Seymour Rubinstein y Rob Barnaby, WordStar se diseñó pensando en mecanógrafos táctiles: las funciones principales se activan con combinaciones de teclas que parten de códigos de control y movimientos direccionales en el teclado, lo que permite editar sin apartar las manos de la fila central ni la vista de la pantalla.
Sawyer sostiene que el verdadero valor de WordStar radica en que adopta la metáfora del manuscrito escrito a mano, no la de la página mecanografiada. Esto permite saltar por el documento con libertad, insertar anotaciones personales (líneas que comienzan con doble punto, que el programa no imprime), marcar bloques de texto sin tener que decidir de inmediato qué hacer con ellos y mantener todo el documento como espacio de trabajo. En su análisis, WordPerfect fuerza una secuencia rígida de pasos para tareas como copiar o mover bloques, mientras que Microsoft Word exige mover la mano al ratón incluso para operaciones tan básicas como borrar un carácter, interrumpiendo el flujo creativo.
El artículo describe las combinaciones de teclas centrales, el sistema de menús anidados con prefijos Ctrl y la lógica posicional del cursor, y argumenta que esta arquitectura convierte a WordStar en una herramienta pensada para la composición creativa de larga duración, no para tareas administrativas lineales.
