Un estudio de Lansweeper revela que los equipos con Windows 10 acumulan de media 1.903 vulnerabilidades activas, casi el triple que los que ejecutan Windows 11, que registran 652. La diferencia, según los investigadores, seguirá creciendo con el tiempo. El 66,6% de esas vulnerabilidades en Windows 10 están catalogadas como de riesgo alto o crítico, y un 2,4% están siendo explotadas en ataques reales.
Microsoft dejó de ofrecer soporte oficial para Windows 10 en octubre de 2025 y desde entonces recomienda migrar a Windows 11. Aun así, alrededor del 18,6% de los equipos analizados en el informe siguen con Windows 10, frente al 78,8% que ya utiliza la versión más reciente. Parte de esos usuarios no pueden actualizar porque su hardware no cumple los requisitos, y otros prefieren mantener el sistema que conocen.
Los investigadores explican que cada parche publicado para Windows 11 permite a los ciberdelincuentes aplicar una técnica llamada patch-diffing: comparan la actualización para localizar el fallo y comprueban si la misma vulnerabilidad sigue activa en Windows 10, que ya no recibe parches de seguridad. El análisis se basa en millones de dispositivos corporativos, por lo que los autores reconocen que no refleja con exactitud la situación de los usuarios domésticos, aunque advierten de que extender el uso de Windows 10 aumenta de forma progresiva el riesgo de sufrir un ciberataque.
