W, la nueva red social europea que aspira a competir con X (anteriormente Twitter), abrió este miércoles su versión beta pública tras meses de expectación y una presentación formal en el Foro de Davos el pasado febrero. La plataforma, desarrollada por la empresa sueca W Social, se presenta como una alternativa 100% europea frente a las grandes tecnológicas estadounidenses y chinas, en línea con los objetivos de soberanía digital que promueve la Unión Europea.
Según informó eldiario.es, la CEO de W Social, Anna Zeiter, destacó en la presentación celebrada en Bruselas que la compañía está "basada en Europa, tiene las infraestructuras y los centros de datos en Europa, opera bajo ley europea y solo europeos pueden ser accionistas". Su modelo de negocio combina publicidad —dentro del marco regulatorio de la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la normativa de protección de datos— con un sistema de micropagos por parte de los usuarios.
W está construida sobre el AT-Protocol, el mismo protocolo descentralizado y de código abierto desarrollado por Bluesky en 2019, cuando Jack Dorsey aún dirigía Twitter. Esto significa que, en teoría, las cuentas son interoperables con otras redes que usen el mismo estándar. Todos los mensajes son públicos por defecto, aunque la plataforma da prioridad algorítmica a quienes publican con su nombre real verificado.
La verificación de identidad humana es precisamente una de las señas de identidad de W. La empresa ha desarrollado una aplicación independiente que permite a los usuarios confirmar que son personas reales sin compartir datos personales sensibles, un mecanismo con el que busca diferenciarse del ecosistema de bots e inteligencia artificial que prolifera en X y otras plataformas. Para escribir o interactuar en W es imprescindible pasar este proceso, si bien se puede leer y seguir cuentas sin autenticarse.
El lanzamiento coincide con un movimiento de altos cargos europeos hacia la plataforma. Entre los primeros usuarios figuran la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente del Consejo Europeo, António Costa; y la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. Costa celebró su llegada con un mensaje en el que destacó que los datos se almacenan "íntegramente en Europa" y que la lucha contra la desinformación es "una prioridad".
El debut se produce, además, en un contexto político clave: la Comisión Europea acaba de presentar un paquete legislativo para reforzar el sector cloud europeo y garantizar el suministro de chips, con el objetivo declarado de reducir la dependencia tecnológica respecto a Estados Unidos y China. Bruselas prepara también un plan integral de ciberseguridad e inteligencia artificial.
Sin embargo, la plataforma no está exenta de controversias. La bloguera e investigadora Elena Rossini, que ha seguido de cerca el proyecto, asegura haber recibido información que apunta a contradicciones entre la imagen pública de W Social y la realidad técnica. Rossini destaca que existen otras redes europeas sobre AT-Protocol, como Eurosky —desarrollada por la fundación sin ánimo de lucro Modal, con sede europea y desarrollo completamente abierto y transparente—, que ya dispone de su propia infraestructura independiente de Bluesky, incluyendo un relay y un reemplazo de la aplicación original llamado mu.social.
Según Rossini, W Social ha retirado de GitHub el repositorio público de su aplicación, lo que sugiere un giro hacia el código cerrado. Además, cuestiona si la empresa está utilizando infraestructura de Bluesky PBC para alguno de los servicios esenciales del protocolo —relay, AppView, moderación o PLC— a pesar de sus promesas de plena soberanía europea. Rossini también señala que el lanzamiento inicial fue problemático y que la compañía ha sido poco transparente con su hoja de ruta técnica.
Por su parte, la versión oficial recogida por eldiario.es no aborda estas cuestiones técnicas. No está claro, por ejemplo, si W Social ejecuta su propio PLC (el componente que asigna identidades criptográficas a los usuarios) o si depende del directorio de Bluesky. Esta dependencia técnica sería relevante: aunque los datos de los usuarios puedan alojarse en servidores europeos, la identidad misma seguiría controlada por una empresa estadounidense.
En definitiva, W representa un intento ambicioso y políticamente respaldado de crear una infraestructura de redes sociales bajo jurisdicción europea, en un momento en que la UE busca reducir su dependencia tecnológica de gigantes externos. La pregunta abierta es si la plataforma cumplirá sus promesas de plena soberanía o si, como sugieren las investigaciones independientes, dependerá en mayor o menor medida de la infraestructura ya existente de Bluesky. Las próximas semanas, con la beta en funcionamiento y un escrutinio técnico creciente, serán clave para despejar estas dudas.
