A más de 15 mil millones de millas de la Tierra, la sonda Voyager 1, lanzada en 1977, continúa operando y transmitiendo datos científicos únicos desde el espacio interestelar. Este logro es particularmente notable considerando que la nave funciona con una memoria de tan solo 69 kilobytes y un reproductor de cintas de 8 pistas, tecnología obsoleta incluso en comparación con un teléfono móvil moderno. La misión original, diseñada para durar cinco años, ha superado con creces las expectativas, convirtiéndose en la sonda construida por el hombre más alejada del planeta.
Lanzada junto a su gemela Voyager 2, la sonda realizó sobrevuelos de Júpiter y Saturno, revelando volcanes activos en Ío, la estructura atmosférica de Júpiter y la existencia de una atmósfera densa en Titán. En 2012, Voyager 1 cruzó la heliopausa, entrando en el espacio interestelar, un hito sin precedentes. Recientemente, ingenieros de la NASA resolvieron una crisis relacionada con los propulsores de orientación de la sonda, que estaban obstruidos y amenazaban con perder la comunicación con la Tierra. A pesar de su antigüedad y limitaciones tecnológicas, Voyager 1 sigue siendo una fuente invaluable de información sobre el universo.
