Un programador que abandonó Zig por Rust en 2020 por la inestabilidad del lenguaje y la inmadurez de su ecosistema narra su regreso a Zig en 2026. Asegura que, aunque el lenguaje sigue siendo inestable —la versión 0.17 romperá sistemas de compilación— y conserva muchos de sus problemas de antaño, sus principios básicos no han cambiado y la mayoría de sus conocimientos previos siguen vigentes. Entre las mejoras destaca la incorporación de un gestor de paquetes integrado que reemplaza los submódulos de git, permite definir dependencias desde git o tarballs y facilita el vendoring.
El artículo repasa los motivos de la migración inicial y los del nuevo cambio. El autor señala la dificultad de la FFI en Rust, los problemas de compilación cruzada, las asignaciones de memoria ocultas e infallibles y la dependencia de LLVM como razones para explorar alternativas. El detonante definitivo fue la propuesta de política de moderación del proyecto Rust sobre el código generado por LLM, que prohibía comentar el impacto social, económico, ambiental, los derechos de autor o los juicios morales sobre quienes usan estas herramientas. La propuesta fue retirada tras las críticas, pero el episodio erosionó la confianza del autor en la gobernanza de Rust, dominada por grandes corporaciones miembro de su fundación.
El texto aborda también la cuestión de la seguridad de memoria: Zig no ofrece las garantías de Rust, pero apuesta por modos de compilación como ReleaseSafe —que aborta ante aserciones fallidas e inicializa toda la memoria— y explora integrar tecnologías como Fil-C. Su conclusión es que, antes que escribir Rust inseguro, Zig puede ser una alternativa viable para programas reutilizables y de bajo nivel, equilibrando simplicidad y seguridad práctica.
