Volkswagen ha aprobado por unanimidad en su consejo de supervisión el llamado «Zukunftsplan 2030», un drástico plan de reestructuración que contempla el recorte de 50.000 empleos en todo el mundo y la reducción de su gama de modelos a la mitad de aquí a 2035. La decisión, adelantada por RNE y confirmada por el comunicado oficial del grupo, supone la mayor transformación del fabricante alemán en décadas y llega en un momento que el propio consejero delegado, Oliver Blume, ha calificado como «más que crítico».
El plan contempla reducir la plantilla mundial desde los aproximadamente 629.000 empleados a finales de 2025 hasta cerca de 579.000, lo que implica que en los próximos años se suprimirán 50.000 puestos, el doble de los eliminados en los dos ejercicios anteriores sumados (17.000 en 2025 y 8.000 en 2024). Según Xataka, que cita el informe anual del grupo, en poco más de un lustro Volkswagen habrá perdido cerca de 100.000 empleados, casi un 15% menos que la cifra con la que cerró dos años atrás.
La reestructuración abarca todas las regiones. Las plantas alemanas de Hannover, Emden, Neckarsulm y Zwickau son las que peor perspectiva presentan, ya que la compañía advierte de que entre 2031 y 2034 no se podrá garantizar una asignación de producción competitiva. El medio recoge declaraciones sindicales recogidas por El Mundo que insisten en que no se tocarán estas fábricas, mientras The Wall Street Journal señala que Alemania es, con diferencia, el país donde el grupo concentra más empleo. La elevada presión salarial y los costes energéticos del país, según ha publicado Xataka, están detrás de la pérdida de competitividad.
En el plano industrial, la gama de modelos se reducirá en torno al 50% y la complejidad de la oferta en un 75%, según el comunicado oficial recogido por Heise. El objetivo es simplificar las plataformas y tecnologías para maximizar las economías de escala, estandarizar los vehículos y reducir costes. El grupo prevé inversiones de aproximadamente 135.000 millones de euros en activos fijos, investigación y desarrollo entre 2027 y 2031, y aspira a estabilizar sus ventas mundiales en los nueve millones de unidades de 2024. Norteamérica será la región donde la paleta de modelos se recorte con más intensidad, mientras que en China la compañía reducirá su presencia y buscará nuevos mercados en el «Sur global».
La dirección también prevé simplificar la estructura corporativa y de liderazgo, vender o reestructurar actividades no estratégicas y reducir en un tercio su cartera de participaciones para liberar capital. El propio comunicado menciona la revisión del portfolio inmobiliario como muestra de la disposición del grupo a desprenderse de activos.
El respaldo sindical ha sido clave para la aprobación por unanimidad. La presidenta del comité de empresa del grupo, Daniela Cavallo, calificó el plan como «una necesidad» para llevar a la compañía a la próxima década «sin que las medidas recayeran unilateralmente sobre los trabajadores». Por su parte, la presidenta de IG Metall y vicepresidenta del consejo de supervisión, Christiane Benner, defendió que «los temas difíciles del futuro se abordan mejor de forma conjunta».
No obstante, según Heise, algunos expertos del sector consideran que el recorte de 50.000 empleos podría quedarse corto. Además, la prensa alemana avanzaba antes de la reunión, según Wirtschaftswoche, que el grupo contempla cerrar la marca Seat antes de finales de 2029, una información que Xataka califica de «lectura entre líneas» y que el comunicado oficial no confirma explícitamente, pero que encaja con la estrategia de simplificación del portfolio.
En resumen, Volkswagen apuesta por una transformación profunda para hacer frente a la competencia internacional, especialmente la procedente de China, y por preservar su rentabilidad. El próximo hito será la concreción de estos planes en la ronda de planificación 75 del grupo, donde se definirán los detalles operativos de una de las reestructuraciones más ambiciosas de su historia.
