Volcanes que cambiaron la historia: de Krakatoa al misterio del año 536

Fuentes: Volcanoes that made history, knowablemagazine.org

Las erupciones volcánicas no solo han transformado paisajes: han reescrito capítulos enteros de la historia humana. Desde la devastadora explosión del Krakatoa en 1883 hasta el misterioso evento climático que sumió al mundo en tinieblas en el año 536, los volcanes han demostrado ser agentes geológicos capaces de alterar el clima, diezmar cosechas, provocar hambrunas y desestabilizar civilizaciones enteras.

El precedente del Krakatoa

El 27 de agosto de 1883, el volcán Krakatoa, situado en el estrecho entre Java y Sumatra, hizo erupción con una violencia sin precedentes en la era moderna. Dos islas quedaron prácticamente borradas del mapa y más de 36.000 personas perdieron la vida, la mayoría a causa de los tsunamis que se expandieron tras la explosión. Gracias al telégrafo, los despachos llegaban en cuestión de horas desde Batavia (actual Yakarta) hasta Singapur y, poco después, al resto del mundo. Era la primera vez que la humanidad podía seguir en tiempo real las consecuencias de una catástrofe volcánica de esta magnitud.

Los efectos no se limitaron al sureste asiático. Las partículas de azufre lanzadas a la estratósfera formaron aerosoles que reflejaron la luz solar y provocaron un descenso medio de 0,6 grados Celsius en los veranos del hemisferio norte durante los meses y años posteriores. Los atardeceres se tiñeron de colores insólitos que plasmaron artistas de la época; según varios historiadores del arte, ese cielo apocalíptico bien pudo inspirar el fondo tormentoso de 'El grito' de Edvard Munch. Estos hallazgos sentaron las bases de la vulcanología moderna y abrieron una línea de investigación que hoy sigue dando frutos: la conexión entre erupciones y cambios sociales.

El enigma del año 536

Casi mil cuatrocientos años antes del Krakatoa, algo mucho más extraño ocurrió. En el año 536, cronistas de Europa, Oriente Medio y Asia describieron una bruma persistente que oscureció el sol durante 18 meses. Las temperaturas cayeron en picado, las cosechas se perdieron y, pocos años después, comenzó la primera pandemia documentada de la historia: la plaga de Justiniano.

La confirmación física llegó desde lugares insospechados: los núcleos de hielo perforados en Groenlandia y la Antártida contienen altas concentraciones de azufre datadas precisamente en ese año, una huella inequívoca de una erupción colosal. Sin embargo, el volcán responsable sigue siendo un misterio. Los investigadores sospechan que pudo localizarse en Islandia, pero la isla aún no estaba poblada en esa época, por lo que no existe ningún registro escrito que permita identificar al culpable.

Lo que resulta fascinante es que los efectos de aquella erupción coinciden con un periodo de profundos trastornos sociales: migraciones masivas, caída de imperios y transformaciones políticas que reconfiguraron Eurasia. Como señala Katrin Kleemann, historiadora ambiental del Museo Marítimo Alemán de Bremerhaven, las sociedades de entonces se vieron afectadas por fracasos en las cosechas, inundaciones, veranos extremadamente fríos e inviernos rigurosos, aunque los vulcanólogos no puedan demostrar una relación causal directa.

La otra cara de la moneda: erupciones como Samalas y la peste negra

Otra pista reveladora llegó con el estudio de los anillos de los árboles y los testigos de hielo, que identificaron la erupción del Samalas en 1257, en la actual Indonesia, como la más potente de los últimos mil años. Investigadores de la Universidad de Columbia plantearon en 2018 que la nube de azufre liberada por el Samalas debilitó la cosecha de trigo en Europa, generando una hambruna que habría debilitado a la población y facilitado la propagación de la peste negra unos años después.

Implicaciones para el presente

Más allá de su interés histórico, estas investigaciones tienen una lectura contemporánea. Comprender cómo las sociedades del pasado respondieron a cambios climáticos bruscos puede ayudar a anticipar los efectos de la crisis climática actual. Si una sola erupción bastó para alterar el curso de imperios enteros, la pregunta que se plantea la comunidad científica es qué podría provocar un evento volcánico de gran magnitud combinado con el calentamiento global.

Por ahora, los volcanes siguen activos. El Anak Krakatau, literalmente el 'hijo del Krakatoa', emergió en la década de 1920 de las ruinas submarinas de su predecesor y continúa erupiendo con regularidad, recordatorio silencioso de que la Tierra sigue siendo un planeta geológicamente vivo, capaz de cambiar la historia en cuestión de horas.