Un collage periodístico reúne titulares y anécdotas recientes que ilustran cómo la realidad cotidiana ya supera —en clave de cotidianidad más que de ficción— muchas de las predicciones de la ciencia-ficción ciberpunk. Robots humanoides como Edward Warchocki ahuyentan jabalíes en Varsovia, cuatro humanoides bailan al ritmo de G-Dragon en el Galaxy Robot Park de Seúl, y un robot de reparto esquiva transeúntes ebrios en Gloucester Road, Bristol. La inteligencia artificial se infiltra en lo banal: artistas sintéticos acumulan millones de oyentes en Spotify, asistentes automáticos acude a reuniones de trabajo por sus usuarios, y un ex economista del Banco Central de Islandia se encarga de la economía de EVE Online, donde los jugadores pueden perder su inversión real en segundos. Las nuevas tecnologías también desplazan el crimen y la vigilancia: drones policiales disuaden la conducción antisocial en Sandbanks, la policía británica intercepta un semisumergible con nueve toneladas de cocaína en el Atlántico, y Meta incorpora reconocimiento facial en sus gafas inteligentes con la función interna 'NameTag'. La nota incluye además la clínica de sueros intravenosos en un centro comercial, la sospecha pública de dopaje en los Enhanced Games, el resurgir de la figura de Tupac en un videojuego presentado por Snoop Dogg, la adopción de taxis autónomos en San Francisco y la proliferación de 'padres virtuales' en redes sociales chinas. Todo ello se presenta como síntoma de un presente que combina avances tecnológicos asombrosos con la indiferencia con la que la sociedad los asimila, frente a un fondo de crisis climática que se manifiesta en incendios suburbanos y vías férreas deformadas por el calor.
Vivimos en el futuro que imaginaron Ballard y Gibson
Fuentes:
New Worlds
