En Staying Awake, Ursula K. Le Guin reflexiona sobre la lectura como práctica social y cultural frente al diagnóstico recurrente de su declive. Parte de los datos de la encuesta de la National Endowment for the Arts de 2004, según la cual el 43% de los estadounidenses no leyó ningún libro en un año, y de una pieza del New York Times de Motoko Rich que preguntó por qué leer. Frente al tono complaciente con el que la Associated Press celebró que solo el 27% de sus encuestados había pasado el año sin libros, Le Guin cuestiona tanto el pesimismo como la autocomplacencia y sostiene que los libros no están en vías de extinción: nunca fueron leídos por todo el mundo.
La autora recorre la historia de la alfabetización, desde su carácter sagrado y exclusivo en las élites masculinas hasta su democratización progresiva con la imprenta y la escuela pública. Identifica un siglo dorado de la lectura en Estados Unidos, entre 1850 y 1950, cuando la literatura funcionó como moneda social compartida: los desconocidos discutían sobre la Pequeña Nell de Dickens como hoy comentan las series de televisión. Para Le Guin, los libros son vectores sociales, no simples productos, y el éxito de Harry Potter demuestra que ese fenómeno sigue vivo.
El ensayo cierra con una crítica a la industria editorial concentrada en grandes corporaciones, donde los departamentos de ventas y contabilidad priman sobre la labor de editores capaces de descubrir y corregir manuscritos. Para Le Guin, los directivos que se duermen al leer son la misma clase que confunde un buen libro con un alto beneficio.
