El vidrio laminado de seguridad se consolida como sustituto de las clásicas rejas de hierro en ventanas de viviendas. Se compone de dos o más láminas de cristal unidas por una o varias capas de butiral de polivinilo (PVB), un film plástico que mantiene los fragmentos adheridos al romperse el cristal. De este modo, aunque el vidrio se agriete, no se desprende ni deja un hueco abierto, lo que retrasa de forma considerable cualquier intento de entrada forzada frente a un cristal convencional, que un ladrón puede atravesar en segundos.
La norma europea EN 356 clasifica estos cristales según su capacidad para resistir ataques manuales, desde golpes accidentales hasta intentos de robo con herramientas. El nivel adecuado depende de la ubicación: no exige la misma protección un ático inaccesible que una planta baja con fácil acceso desde la calle.
Además de la seguridad, el vidrio laminado aporta otras ventajas frente a las rejas: preserva la luminosidad de la vivienda, reduce la filtración de ruido exterior gracias a la combinación de capas de vidrio y PVB, disminuye el riesgo de cortes al romperse y apenas requiere mantenimiento, frente al hierro, que necesita pintura periódica y cuidados contra la corrosión.
En muchos casos no es necesario cambiar toda la ventana: si el marco está en buen estado y la carpintería lo permite, basta con sustituir únicamente el cristal, lo que reduce el coste. Aun así, un profesional debe evaluar la compatibilidad del marco con el peso y grosor mayores de este tipo de vidrio.
