Vendedores como Ghost Metas, accesibles en internet, se especializan en inutilizar el LED intermitente de las Meta Glasses, la señal diseñada para advertir a quien esté frente a las gafas de que se está grabando. Su propietario, un vecino de Los Ángeles que dice haber modificado unas cien parejas de gafas en sesiones de 15 a 20 minutos, asegura que la mayoría de sus clientes son hombres y que muchos le han confesado intenciones acosadoras, como grabar a bailarinas de clubes de alterne. Otros clientes, según explica, son padres que quieren filmar a sus hijos sin que la luz les distraiga o repartidores que buscan protegerse de denuncias falsas.
El auge de este negocio paralelo coincide con el éxito de las Meta Glasses, diseñadas con Ray-Ban y Oakley: Meta vendió alrededor de 7 millones de unidades en 2025, casi triplicando las ventas acumuladas de 2023 y 2024. Influencers, deportistas y celebridades como Chris Hemsworth y Teyana Taylor las han promocionado, y Kylie Jenner lanzó en junio su propia línea a 399 dólares. Sin embargo, en redes sociales abundan vídeos grabados con estas gafas en playas, campus y locales sin consentimiento de los protagonistas, algunos con contenido explícitamente racista.
Meta garantiza que las gafas dejan de grabar si el LED está tapado, pero Ghost Metas afirma que es sencillo saltarse ese sistema. Expertos y fuentes citadas en el reportaje sostienen que, aun funcionando, la luz resulta difícil de percibir a cierta distancia. El artículo contrasta el éxito de Meta con los fracasos de Google Glass, Spectacles, Apple Vision Pro o la pulsera Halo de Amazon, y apunta que el respaldo de marcas de moda como EssilorLuxottica explica en gran parte la buena aceptación de un dispositivo que plantea serios interrogantes sobre la privacidad en espacios públicos.
