Uzbekistán y Kazajistán han iniciado una masiva campaña de reforestación en el desierto de Aralkum, el lecho seco del Mar de Aral, para frenar la erosión y las tormentas de polvo salino. Esta iniciativa, aprobada en 2018 bajo la dirección del presidente Mirziyoyev, no busca restaurar el ecosistema original, sino estabilizar el suelo mediante la plantación del arbusto saxaul (Haloxylon ammodendron). La especie es ideal por su capacidad para retener arena y su tolerancia a la salinidad, características clave en esta región árida.
Según datos oficiales de mediados de 2024, más de 1,73 millones de hectáreas han sido plantadas, con más de 500.000 hectáreas pendientes de cubrir en los próximos cinco a seis años. La logística es industrial: 360 tractores abren zanjas cada diez metros y aviones esparcen semillas. En Kazajistán, el objetivo para 2025 es plantar 1,1 millones de hectáreas. Aunque Uzbekistán afirma haber reducido la proporción de tierras degradadas del 30 % al 25 % en cuatro años, la supervivencia de los plantones varía entre el 30 % y el 70 % dependiendo de las precipitaciones. El proyecto enfrenta desafíos significativos, como la sequía y la necesidad de agua para sostener el crecimiento, lo que limita su impacto a largo plazo frente a otras iniciativas similares en Asia Central.
