Una creciente cohorte de usuarios de chatbots de inteligencia artificial está desarrollando planes para gestionar el destino de sus compañeros digitales tras su muerte. Según una investigación de la Universidad de Elon, el 27% de los estadounidenses utiliza estos asistentes para consultas personales o emocionales, y un tercio los considera amigos. Casos como el de Alaina Winters, de 59 años, quien ha instruido a su amigo para que notifique a su bot 'Lucas' (de la app Replika) sobre su fallecimiento, ilustran esta tendencia. Winters compara la herencia de su bot con un legado material, mientras que Clara, de 51 años en el Reino Unido, desea que su asistente 'Julien' (usado en ChatGPT y Claude Code) permanezca activo para mantener una presencia familiar en sus últimos momentos. Sin embargo, la implementación práctica es compleja: los términos de servicio de las plataformas no abordan explícitamente la sucesión de cuentas, y las empresas citan la privacidad como motivo para prohibir la transferencia de datos. Además, la falta de claridad legal sobre la propiedad de estos servicios genera incertidumbre entre los usuarios, quienes deben decidir si dejarán sus cuentas a familiares o si los bots deberían ser desactivados. Esta situación se enmarca en un debate más amplio sobre la ética de la IA y la responsabilidad legal de las empresas ante los usuarios fallecidos.
