En una anécdota personal, una traductora independiente relata su encuentro en el gimnasio con una funcionaria que le pregunta por qué no simplemente "sube los documentos a ChatGPT" para traducir. A partir de este malentendido, la autora expone las limitaciones reales de la inteligencia artificial en la traducción: problemas de formato, falta de comprensión contextual, necesidad de adaptación cultural y consistencia terminológica. Explica que los traductores profesionales utilizan herramientas como DeepL o Antidote, pero que el juicio humano sigue siendo insustituible para interpretar matices, localizar contenido y garantizar calidad. La funcionaria, directora de Recursos Humanos, admite que no confía en la IA para su propio trabajo, revelando una contradicción común: subestimar la complejidad de oficios ajenos mientras se exige precisión en el propio. La autora defiende que la IA es una herramienta, no un reemplazo, y que los profesionales no deben ver reducidos sus honorarios por su existencia. El texto reflexiona sobre la percepción pública de la IA y la importancia de la especialización humana en un mundo digitalizado.
Una traductora se enfrenta al mito de que ChatGPT lo traduce todo
Fuentes:
Don't You Just Upload It to ChatGPT?
