Eden GeoPower, una empresa emergente de Massachusetts, está probando en las afueras de Boston una técnica que utiliza pulsos eléctricos de alto voltaje entre electrodos introducidos en pozos profundos para fracturar roca rica en hierro. La idea, denominada estimulación geológica del hidrógeno, consiste en inyectar agua en esas fracturas para que el hierro se oxide y libere hidrógeno, el combustible limpio más sencillo del universo, que al quemarse solo emite agua y calor. La demanda global de hidrógeno ronda los 100 millones de toneladas anuales, equivalentes a apenas el 3 % del consumo energético mundial, y casi todo se produce a partir de metano, con elevadas emisiones. La electrólisis con renovables existe, pero resulta demasiado cara. Tras décadas olvidando las filtraciones naturales del gas —documentadas en minas del antiguo Imperio ruso y en los venteos submarinos—, el hallazgo en 1987 del pozo de Bourakébougou, en Malí, reabrió el interés. Hasta 2025, cientos de pozos exploratorios habían detectado hidrógeno geológico en el mundo, aunque ninguno produce todavía a escala comercial. Eden y otros proyectos esperan que la estimulación artificial resuelva ese cuello de botella.
