La parroquia de Cerponzóns, en Pontevedra, con apenas 700 habitantes, ha inaugurado una iniciativa singular: colocar códigos QR en las lápidas del cementerio de San Vicenzo para que los visitantes puedan conocer la biografía de quienes allí descansan. La Asociación Veciñal O Chedeiro promueve este proyecto como un «acto de restitución lingüística», impulsado tras cambiar las inscripciones del castellano al gallego. El primer QR se instaló en el panteón familiar de Juan José Esperón-Recarey, secretario de la asociación, y redirige al blog «O Roque de Cerponzóns», donde se documentan historias como la del tranviario Jesús Recarey Lorenzo o la dueña de la taberna de los Rons, Carmen Recarey Cochón.
La iniciativa se inspira en la propuesta de la Asociación de Funcionarios para la Normalización Lingüística de Galicia y coincide con experiencias similares en Japón, donde la empresa Ishi no Koe vende lápidas con QR por unos 10.000 dólares; en China, con columbarios automatizados en Shanghái, Shenyang y Fujian; en Dinamarca, pionera desde 2012 en Roskilde; y en Reino Unido, con empresas como Digital Gravestones o StoneCode Lite que ofrecen memoriales digitales con biografía, fotos y libro de condolencias.
La despoblación rural amenaza con convertir los cementerios en depósitos de nombres sin contexto. Los defensores de los QR argumentan que amplían el epitafio hasta convertirlo en relato completo, mientras que los críticos cuestionan la privacidad, la gestión de contraseñas y la continuidad técnica de los enlaces a largo plazo.
