La compañía texana Skyfi ha difundido una imagen satelital de muy alta resolución que muestra una enorme pila de ropa desechada en el desierto de Atacama, al norte de Chile, tan extensa que resulta visible desde el espacio. Cada año llegan al puerto de Iquique unas 59.000 toneladas de prendas procedentes de China, Bangladesh, Europa, Asia y Estados Unidos; más de la mitad acaba en vertederos clandestinos cerca de Alto Hospicio, sumando unas 39.000 toneladas anuales que se amontonan junto a neumáticos, repuestos y residuos electrónicos.
Según datos recopilados por AFP, National Geographic y la BBC, Iquique opera como centro de clasificación por sus ventajas fiscales: las prendas de mayor calidad se reexportan a Panamá, República Dominicana, Asia, África o Estados Unidos, mientras que el resto se vende en La Quebradilla o termina en el desierto. La ropa no es biodegradable y contiene productos químicos, por lo que los rellenos sanitarios municipales no la aceptan, lo que alimenta vertederos ilegales. Empresas locales como EcoFibra intentan darle una salida fabricando paneles aislantes con los textiles.
El caso de Atacama no es aislado: en las afueras de Accra, capital de Ghana, se ha formado otro vertedero alimentado por residuos de la moda rápida. La ONU lleva años alertando de que la industria textil es una emergencia ambiental y social: con apenas el 3 % de las tierras de cultivo mundiales, el algodón consume el 24 % de los insecticidas y cerca del 11 % de los pesticidas. Entre 2000 y 2014 la producción mundial de ropa se duplicó y el consumidor medio compra un 60 % más que hace quince años, pero conserva sus prendas la mitad de tiempo.
