Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, sostiene en este ensayo que la inteligencia artificial general está mucho más cerca de lo que la mayoría cree y que provocará una transformación socioeconómica de gran magnitud. A su juicio, el software capaz de pensar y aprender asumirá cada vez más tareas hoy humanas, lo que desplazará aún más poder del trabajo hacia el capital y, sin políticas públicas adecuadas, dejará a la mayoría peor que ahora. Altman propone gravar los activos que concentrarán el valor futuro —empresas y suelo— y distribuir directamente esa riqueza a los ciudadanos, en una suerte de capitalismo accionarial para todos. Defiende que la revolución es imparable y se autorrefuerza: las máquinas inteligentes ayudarán a construir máquinas más inteligentes. Argumenta que el progreso tecnológico de los próximos cien años superará al de toda la historia previa desde el fuego y la rueda, y que reducirá drásticamente el coste de bienes y servicios al sustituir trabajo humano. Al mismo tiempo, advierte del riesgo de que la vivienda, la sanidad y la educación sigan encareciéndose si no se actúa. Concluye que un crecimiento económico elevado y una mayor inclusividad son los dos pilares de un sistema estable, y que gravar capital y redistribuir propiedad es la vía para que la IA beneficie a toda la sociedad en lugar de profundizar la desigualdad.
Una ley de Moore para todo: repensar el capitalismo ante la IA
Fuentes:
Moore's Law for Everything
