Una letrina de 1.900 años revela por qué el hormigón romano ha durado milenios

Fuentes: How Has Roman Concrete Lasted for Millennia? A 1,900-Year-Old Latrine Offers New Clues About the Material's Impressive Durability, eldiario.esT2

Un equipo internacional de investigadores ha dado un paso más en el misterio que rodea la extraordinaria durabilidad del hormigón romano. El hallazgo, publicado el 8 de julio en la revista Science Advances, fue posible gracias a un escenario tan insólito como revelador: unas letrinas comunales de 1.900 años de antigüedad situadas en la Villa de Adriano, en Tívoli, a unos 27 kilómetros al este de Roma.

La investigación, liderada por Xiaohong Zhu, de la Universidad Tecnológica de Pekín, y codirigida por el ingeniero civil Paulo J. M. Monteiro, de la Universidad de California en Berkeley, tomó muestras del hormigón intacto bajo uno de los asientos de aquellas letrinas. Eligieron este punto, según explicó Monteiro, porque "nadie restaura una letrina", lo que garantizaba que el material permaneciera prácticamente inalterado durante 19 siglos, como un experimento silencioso que nadie vivo podría repetir.

Los análisis mediante imágenes de rayos X de alta resolución, microscopía electrónica y composición química revelaron que la mezcla clásica de ceniza volcánica, cal y agua —base de la reacción puzolánica, considerada hasta ahora la principal responsable de la resistencia del hormigón romano— no actúa sola. En los poros y microfracturas del material, los científicos identificaron una densa red de calcita, un mineral compuesto por calcio, carbono y oxígeno.

Según los autores, la calcita se forma mediante un proceso llamado carbonatación: el dióxido de carbono atmosférico reacciona lentamente con los compuestos cálcicos del hormigón, generando un mineral duro que rellena grietas y cavidades con el paso del tiempo. "Aunque la reacción puzolánica es de importancia fundamental, nuestros hallazgos sugieren que la carbonatación durante largos periodos también mejora la durabilidad del hormigón y puede ayudarle a sellar sus grietas a medida que envejece", señaló Monteiro en un comunicado de la UC Berkeley.

El hallazgo refuerza y amplía un estudio anterior de 2023, encabezado por el científico de materiales del MIT Admir Masic, que ya había propuesto que el hormigón romano contenía depósitos de calcio capaces de recristalizarse en presencia de agua y reparar fisuras de forma autónoma. "Esta investigación refuerza la idea de que los carbonatos son más dinámicos en estos sistemas y desempeñan un papel fundamental, no marginal", valoró Masic, quien no participó en el nuevo trabajo, en declaraciones a Scientific American.

Las implicaciones van mucho más allá de la arqueología. Mientras las estructuras romanas —el Panteón, el Coliseo, los acueductos o las calzadas— siguen en pie tras dos milenios, el hormigón moderno suele deteriorarse en apenas un siglo, según datos de la Universidad de Nueva Gales del Sur citados por Smithsonian Magazine. Además, la producción de hormigón es responsable de aproximadamente el 8 % de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, y las Naciones Unidas estiman que cerca de la mitad de los edificios que existirán en 2050 aún no se han construido.

En este contexto, los investigadores confían en que descifrar los mecanismos químicos que hicieron eternas las construcciones romanas permita desarrollar materiales de construcción más sostenibles y resilientes. "Este estudio demuestra cómo la exploración de técnicas de ingeniería antiguas puede conducir a revelaciones importantes", concluyó Monteiro. "Esperamos que, al desbloquear los secretos romanos para mejorar la durabilidad del hormigón, algún día podamos alcanzar un desarrollo sostenible de infraestructura moderna".

Por ahora, la lección queda servida: la próxima vez que la ciencia busque respuestas sobre el pasado, quizá deba mirar no solo hacia los monumentos más majestuosos, sino también hacia los rincones más humildes del mundo antiguo.