El 17 de septiembre de 1991, una falla en la sala de potencia del edificio 33 Thomas Street en Manhattan causó la interrupción de las comunicaciones de radar y radio de la FAA en Nueva York, resultando en la cancelación o retraso de 1.174 vuelos. El incidente ocurrió durante la hora punta de llegada al atardecer, cuando los controladores de los aeropuertos de Kennedy, LaGuardia y Newark perdieron simultáneamente sus enlaces primarios y de respaldo. La causa raíz no fue un fallo en las aerolíneas, sino una cascada de errores en la infraestructura de AT&T, que alimentaba las líneas de datos y voz de la región.
La falla comenzó a las 10:10 a.m. cuando el supervisor de potencia de AT&T realizó una transferencia de energía para pasar de la red eléctrica de Con Edison a generadores diésel internos. Un pico de voltaje en la línea de alimentación disparó un relé de protección sobrecarga mal ajustado, lo que desactivó los rectificadores de corriente alterna a corriente continua (CA/CC) en el piso 20. En un sistema de respaldo, esto hizo que las baterías de plomo-ácido asumieran la carga completa, pero al agotarse tras seis horas, el suministro se cortó. El desastre fue agravado por cuatro fallos en el sistema de alarma: una lámpara de indicador quemada, una cinta de conexión de 25 pulgadas faltante en el piso 14, un timbre de alarma atenuado mecánicamente y la ausencia de técnicos en la sala de potencia durante la hora de la noche, lo que impidió detectar la falla a tiempo.
