Un equipo del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), dirigido por Manuel Maldonado y Carlota Escarré, trasplantó 42 esponjas de cinco especies a la Marina de Palamós, en Girona, para identificar cuáles podían resistir uno de los puertos más degradados del litoral español. El experimento, publicado en Frontiers in Marine Science el 30 de julio de 2026, se prolongó durante 455 días y arrojó un resultado contundente: solo Chondrosia reniformis, conocida como esponja riñón de pollo, sobrevivió.
De las cinco especies evaluadas, Corticium candelabrum murió en el laboratorio antes del trasplante; Crambe crambe, Scalarispongia scalaris e Ircinia oros sucumbieron entre los días 20 y 165. La especie superviviente alcanzó una tasa de éxito del 91,7 %, con 22 de los 24 individuos vivos al cierre del ensayo. Además, los ejemplares se reprodujeron asexualmente dentro del puerto, pasando de 24 a 40 esponjas mediante fragmentación clonal, un comportamiento excepcional en organismos sésiles.
Los investigadores destacan que la especie puede reptar y reubicarse cuando las condiciones se deterioran, lo que amplía su potencial como herramienta de renaturalización. Las esponjas filtran miles de litros de agua al día, capturan bacterias, virus y metales pesados y ofrecen refugio a otras especies. Ocean Ecostructures, autora de las estructuras biomiméticas denominadas Life Boosting Units donde se fijaron los ejemplares, ya cuenta con 95 placas desplegadas en nueve puertos catalanes que generan 1.540 toneladas de biomasa. El siguiente paso será dilucidar si los microbios simbióticos de la especie son la clave de su tolerancia y replicar el ensayo en puertos con distintos niveles de contaminación.
