La Cartuja de Sevilla, histórica fábrica de loza fundada en 1841 dentro del monasterio de Santa María de las Cuevas, cerró a finales de julio de 2025 con la luz cortada y camino de la liquidación. La empresa, que llegó a tener 1.200 empleados y 20 hornos, acumulaba concursos de acreedores desde una deuda heredada de 6 millones con la Seguridad Social en 2019, a la que se sumaron los efectos de la pandemia, la crisis energética y el bloqueo final de Hacienda. Apenas dos meses después, una empresaria chilena de la familia Luksic compró la marca por 225.000 euros tras descubrirla en un hotel de Jerez, indagar con ChatGPT sobre su proceso artesanal y asociarse con una refinería de Huelva. La operación, formalizada por esa cifra pero con un coste real cercano a los 2 millones al asumir deudas, se articuló como venta de unidad productiva prevista en el artículo 224 del TRLC y obligó a mantener a 30 de los 36 trabajadores. Gabriela y Paola Luksic ostentan el 80% del capital y el matrimonio Mar Madrid y Javier Targhetta, el 20% restante. La primera hornada bajo los nuevos dueños, en mayo de 2026, recuperó los modelos icónicos rosa, negro y azul Ceilán junto a 12 diseños nuevos, incluido 'Geórgica'. El plan pasa por cuadruplicar la producción antes de finales de 2027 combinando grandes almacenes, pequeño comercio, hostelería y venta online.
