Una cuadrilla municipal de limpieza halló en julio de 2026, en la senda de El Campón, en el monte Naranco de Oviedo, un nido de ametralladora de hormigón armado de 1937 con su trontera intacta, oculto bajo la maleza durante 89 años. El enclave formaba parte del sistema de trincheras republicano que vigiló la ruptura del cerco de Oviedo en 1936. Solo en el entorno del Naranco se han censado trece posiciones en El Rebollal y treinta y una en Campo Cimero, el mayor conjunto defensivo de Asturias.
El episodio ilustra un fenómeno nacional: BunkerAtlas registra 192 posiciones geolocalizadas, con Madrid (19%), Cataluña (16%), Navarra (12%) y Aragón (11%) a la cabeza, y la Comunidad de Madrid documenta más de 2.000 fortificaciones en un centenar de municipios. En los Pirineos, la Línea P franquista proyectó 10.000 búnkeres, de los que se construyeron unos 4.000 antes de quedar obsoleta en 1980.
La Ley de Memoria Histórica de 2007 y la Ley de Memoria Democrática de 2022 obligan a inventariar y proteger estos restos, aunque la falta de recursos deja la mayoría bajo la maleza. El artículo recuerda precedentes como los Bunkers del Carmel en Barcelona, una batería antiaérea republicana de 1938 confundida con un refugio.
El hallazgo coincide con el peor arranque de verano de la serie histórica: junio de 2026 cerró con un 90% más de superficie quemada que la media de los últimos veinte años y el incendio de Almería acercó las 7.000 hectáreas calcinadas. La normativa ambiental exige el desbroce perimetral, por lo que Patrimonio debe coordinarse con las labores de prevención sin que memoria y limpieza compitan.
