Un banco regional de Emilia-Romaña concede crédito a productores de Parmigiano Reggiano tomando como garantía las propias ruedas de queso, que permanecen en una bóveda climatizada entre uno y tres años bajo custodia de la entidad. La financiación cubre entre el 60% y el 80% del valor estimado, a bajo interés, y permite a los queseros obtener liquidez inmediata mientras el producto sigue madurando.
El sistema responde a un problema estructural de tesorería: producir una rueda exige unos 530 litros de leche y al menos doce meses de curación, con costes corrientes que se acumulan desde el primer día. Sin esta vía, los productores se verían empujados a acortar la maduración para cobrar antes, con el consiguiente deterioro de la calidad.
Las bóvedas albergan entre 300.000 y 500.000 ruedas, con un valor estimado de 130 a 325 millones de euros. Personal del banco las limpia, gira y supervisa de forma continua, y a los doce meses un inspector del consorcio golpea cada rueda con un martillo para detectar defectos internos por el sonido. Las piezas aprobadas se marcan con un hierro al fuego; las defectuosas se venden como queso genérico.
El artículo compara el mecanismo con el almacenamiento en bodega de vinos y destilados, y con el financing mediante recibos de almacén aplicado a grano, café o metales. El artículo cierra con la observación de que el caso destaca por la implicación operativa del banco, que ha desarrollado capacidad interna para cuidar un activo atípico durante años.
