Una embarcación de aspecto inusual que navegaba el domingo pasado cerca de la costa de Cabo de Gata, en Almería, despertó la curiosidad de bañistas y de la Guardia Civil. Algunos testigos la confundieron con una narcolancha e incluso con un submarino, debido a su casco bajo, su motor silencioso y la ausencia de mástil y puente de mando. Una patrullera que se acercó para inspeccionarla descubrió que se trataba del Helios 11, un yate de 11 metros de eslora impulsado exclusivamente por energía solar.
El artífice de la embarcación es Lukas Sjöman, un aventurero y diseñador finlandés que la construyó él mismo en el cobertizo de su casa durante unos 200 días, con contrachapado marino y fibra de vidrio. El casco, de 1,5 toneladas, alberga una cocina eléctrica, una nevera ligera y un baño con cisterna. Todo el techo está cubierto de paneles solares con una potencia cercana a 6 kW, ampliable a 40 kW, que cargan las baterías mientras el barco navega a 48 voltios.
Sjöman zarpó de Finlandia y recorrió unos 5.700 kilómetros por ríos, canales y el Mediterráneo hasta alcanzar Ibiza, desde donde continuó hacia Mazarrón, Cabo de Gata y Almería. En su mejor rendimiento, la embarcación cubre unas 145 millas diarias; con mal tiempo, la autonomía se reduce a unas 40 millas. Durante la travesía le robaron el bote auxiliar en la costa de Tarragona, lo que le obligó a construir otro para poder reabastecerse. El episodio ilustra una de las limitaciones del proyecto: la energía solar resuelve el combustible, pero no la logística de la navegación en solitario.
