Un usuario con dos décadas de experiencia en tecnología y formación en seguridad informática gastó 266,15 dólares en cuatro modelos de inteligencia artificial para conseguir rootear su tablet Amazon Fire HD 10 (11ª generación, 2021), un dispositivo que la comunidad de XDA Developers consideraba imposible de desbloquear desde octubre de 2022. La historia, relatada por Eric Pardee en su blog personal, ilustra tanto los avances en capacidades agénticas de los modelos de IA como las crecientes fricciones regulatorias que imponen las principales empresas estadounidenses.
Pardee compró la tablet por 114,26 dólares en eBay en noviembre de 2022 para usarla como panel permanente de domótica con Fully Kiosk Browser y Home Assistant. Sin embargo, el dispositivo empezó a apagarse solo, hasta dos veces al día. Tras meses de diagnóstico con Claude Code —que finalmente alcanzó los límites de sus salvaguardas—, Pardee cambió de estrategia el 13 de agosto y recurrió a Kimi K3, el modelo frontera de la china Moonshot AI.
Kimi K3 no solo aceptó la petición, sino que razonó éticamente sobre ella citando las exenciones DMCA para jailbreaking en Estados Unidos. Después de verificar que no existían exploits conocidos, el modelo extrajo el kernel directamente de una imagen OTA de Amazon y descubrió que la vulnerabilidad CVE-2022-38181 —un use-after-free en el driver Mali GPU de Arm, reportado por Man Yue Mo de GitHub Security Lab y presente en el catálogo de vulnerabilidades explotadas de CISA desde marzo de 2023— seguía sin parchear en su firmware 7.3.2.6. Amazon había distribuido el arreglo en Fire OS 7.3.2.9 de junio de 2024, pero Pardee nunca actualizó.
La sesión con Kimi K3 duró unas 30 horas, 621 mensajes y costó 164,25 dólares. El modelo construyó una cadena de exploit completa contra un slab cache del kernel altamente competido, donde cada intento fallido provocaba un reinicio. Tras más de 500 intentos, Kimi agotó su presupuesto sin completar la tarea, aunque generó un detallado HANDOFF.md para el siguiente modelo.
GLM-5.2, también de origen chino, tomó el relevo por 21,90 dólares y corrigió errores críticos del código. Finalmente, GLM-5.3, con una suscripción de 80 dólares, logró el root el primer día. Mientras tanto, Claude —ejecutado bajo el plan Claude Max que Pardee ya pagaba— intentó resumir el trabajo previo sobre su propio dispositivo y fue bloqueado en sucesivas ocasiones por sus salvaguardas de ciberseguridad, incluso derivando a Opus 4.8, que también rechazó la tarea. OpenAI Codex, por su parte, declinó responder preguntas sobre coherencia de caché CPU.
El episodio pone de relieve dos tendencias opuestas. Por un lado, los modelos chinos de Moonshot AI y Zhipu AI (GLM) demuestran capacidad técnica de frontera en tareas agenticas sin las restricciones que imponen sus competidores estadounidenses. Por otro, las salvaguardas de Anthropic y OpenAI, concebidas en 2026 para detener ciberataques reales, bloquean incluso el análisis retrospectivo de la propia infraestructura de un usuario. Pardee reconoce que las medidas son deliberadamente amplias y que atraparán ataques genuinos, pero subraya que también obstaculizan la investigación legítima de propietarios sobre sus propios dispositivos.
En total, Pardee invirtió 266,15 dólares adicionales sobre el precio original de la tablet —suficiente para comprar el mismo dispositivo dos veces—, pero defiende que la experiencia fue divertida y formativa. El caso invita a reflexionar sobre dónde deben situarse los límites entre la seguridad y la autonomía del usuario, y sobre si la geopolítica de la IA está reconfigurando, en la práctica, qué modelos pueden ayudar a los ciudadanos a ejercer el control sobre la tecnología que poseen.
