Un usuario de Linux de diez años de experiencia ha decidido abandonar el sistema operativo para integrarse por completo en el ecosistema Apple, tras sentir que la innovación en el escritorio ha desaparecido. A los 30 años, el autor observa que las distribuciones de Linux y los entornos de escritorio han convergido en un diseño plano y una experiencia curada, eliminando la personalización que le definía como usuario. En lugar de experimentar con diferentes sabores de Linux, ha comprado un iPhone y un MacBook, dispositivos que considera premium y funcionales. El nuevo equipo, un MacBook Neo, le ofrece un rendimiento superior en tareas de un solo hilo y una experiencia de uso fluida, eliminando la necesidad de mantener una instalación de Windows exclusivamente para ejecutar software específico como NeuralDSP. Aunque reconoce que macOS no es perfecto, especialmente en aplicaciones como Finder y Stage Manager, valora la estabilidad y la integración. Este cambio refleja una transición desde la identidad de un 'hacker' experimental hacia una preferencia por la simplicidad y la coherencia del ecosistema Apple, marcando un punto de inflexión en la adopción de hardware y software de consumo.
