Un equipo de científicos franceses demostró que el corcho de una botella de vino no es un simple tapón, sino un regulador activo del oxígeno que entra y sale del recipiente, funcionando casi como un ingrediente adicional. La investigación, publicada en Science Advances y liderada por Julie Chanut y Thomas Karbowiak, ambos de la Universidad de Borgoña, se centró en cómo la oxidación controlada envejece el vino, suavizando taninos y generando complejidad aromática, mientras que un exceso de oxígeno lo envejece prematuramente y lo vuelve pardusco y desagradable. El principal reto era que la botella estándar de 750 ml y el grosor del cristal impedían aislar y medir con precisión la cinética del oxígeno en tiempo real sin alterar el sistema. Para resolverlo, los investigadores desarrollaron una botella experimental en miniatura, descrita como un modelo simple y transparente del complejo sistema real, que permite monitorizar con exactitud cómo difunde el oxígeno a través del corcho. Karbowiak recordó que su grupo lleva dos décadas estudiando la oxidación y el envejecimiento del vino, y que la difusión del oxígeno a través del corcho siempre figuró entre los parámetros clave. El trabajo abre nuevas vías para entender el papel del cierre en la evolución del vino en botella y para diseñar tapones que optimicen ese intercambio gaseoso.
