El canal de YouTube WolfyTech sometió a un SSD Sandisk P4 de 64 GB, lanzado en 2010, a la escritura continua de un petabyte (1.000 TB) de datos, una cifra que multiplica por 25 su especificación de resistencia de 40 TBW. Tras más de 60.000 horas de encendido y 1.100 ciclos de encendido-apagado, la unidad continúa funcionando sin signos de fallo catastrófico.
El P4 emplea NAND MLC de 32 nm, una tecnología 2D ya descatalogada físicamente más grande y con mayor tolerancia a ciclos de escritura que la actual NAND 3D TLC o QLC. El artículo de Tom's Hardware aprovecha el experimento para desmontar un mito frecuente: superar el valor TBW no implica la muerte inmediata del disco. TBW es una guía estadística vinculada a la garantía, no un umbral de autodestrucción programado por el fabricante.
No obstante, lectores en los comentarios cuestionan la validez de la prueba: sostienen que la herramienta utilizada podría haber escrito sobre la caché DRAM de la unidad sin que los datos llegaran a la NAND, lo que anularía el supuesto desgaste físico. También recuerdan que la mayoría de SSDs fallan por la electrónica o el firmware antes que por el agotamiento de las celdas, y que las unidades de gama baja tienden a estropearse a los 5-7 años por componentes de bajo coste y temperaturas elevadas, por mucho que su TBW nominal parezca alto.
