Kenneth Reitz, antiguo empleado de Heroku, relata en primera persona cómo alquiló un servidor dedicado en Hetzner —cuatro núcleos, 8 GB de RAM y el nombre «mercury»— y migró en una sola tarde sus seis sitios web, una base de datos Postgres, almacenamiento de objetos y certificados TLS. El alojamiento se gestiona con Dokploy, una plataforma como servicio de código abierto que entiende docker-compose como unidad de despliegue de primera clase, usa Traefik como proxy inverso y Let's Encrypt para los certificados. Sobre esa base, una instancia de Claude Opus 4.8 ejecutándose en Claude Code automatizó la mayor parte de la migración mediante las API de Dokploy, GitHub y DNSimple: creó proyectos, generó claves de despliegue, configuró webhooks para auto-deploy, restauró la base de datos y actualizó los registros DNS. El artículo describe servicios complementarios como Glance para monitorización personal, Gitea como espejo de sus más de 300 repositorios de GitHub y Umami como alternativa de analítica sin cookies, tras la venta de Gauges. Reitz reflexiona sobre la promesa original de Heroku —«git push heroku main» como experiencia completa— y sobre cómo la industria ha reintroducido fricción en el despliegue, encareciendo u obligando a migrar a los usuarios. Argumenta que el código abierto, un único archivo compose versionado en el repositorio y un servidor pequeño ofrecen una alternativa económica y predecible frente a plataformas optimizadas para su propia sostenibilidad.
Un servidor llamado Mercurio: autohospedaje con Dokploy y Claude
Fuentes:
A Server Called Mercury
