El satélite experimental Pulsar-0, desarrollado por la empresa californiana Xona Space Systems, ha mapeado desde el espacio por primera vez la magnitud de las interferencias y falsificaciones de señales GPS en Europa y Oriente Medio. Orbita a 500 kilómetros de altitud y precede a una constelación de 300 satélites en órbita baja que la compañía prevé desplegar a partir de octubre para ofrecer un servicio de posicionamiento, navegación y temporización (PNT) más resiliente que los sistemas GNSS actuales, con una señal cien veces más potente que la del GPS estadounidense, Galileo o Beidou.
Según los datos recogidos por su receptor GPS, la fuerza de la señal sobre las zonas más afectadas cae desde los 40 decibelios habituales hasta apenas 10. Kaz Gunning, cofundador de Xona, declaró que esperaban detectar cierto nivel de interferencia, pero el resultado fue «bastante más de lo esperado». Las mediciones indican que los satélites en órbita baja sufren interrupciones de la señal GPS en todo el corredor que va desde Francia hasta la frontera con Pakistán, lo que afecta a operaciones como la determinación de altitud, la orientación de antenas o la evasión de colisiones, funciones críticas para constelaciones como Starlink.
El problema de la interferencia GNSS, agravado por el uso de inhibidores en zonas de conflicto como las fronteras occidentales de Rusia y Oriente Medio, se ha convertido en una emergencia global. Xona estima que, con su constelación, los inhibidores actuales solo podrían afectar al 5 % del área que hoy logran perturbar. La empresa captó 170 millones de dólares en una ronda de financiación Serie C en marzo y prevé ofrecer un servicio básico a principios de 2027.
