Un proyecto familiar

Fuentes: A Family Project
Imagen generada por IA con el prompt: Wooden casket being built in a sunlit barn workshop, oak boards, hand tools scattered on a workbench, blue mountains visible through open doors, rural North Carolina afternoon
Imagen generada con IA

La cantante y escritora Laurelyn Dossett narra en primera persona el proceso de traer a casa el cuerpo de su madre, Lola Weldine, tras su muerte en agosto de 2021, para enterrarla en la propiedad familiar de 40 acres en el condado rural de Stokes, Carolina del Norte. El ensayo, a caballo entre la memoria íntima y la crónica práctica, documenta cada paso legal y logístico de un entierro domiciliario en Estados Unidos.

La autora detalla que la legislación de Carolina del Norte no prohíbe la sepultura en casa. El departamento de salud local únicamente fija distancias mínimas: 15 pies del tanque séptico, 50 del pozo y 10 del lindero. Ella y sus tres hermanos, John, Bill y Jim —formados en la ebanistería por su padre—, deciden construir el ataúd con roble envejecido donado por unos vecinos, Wendi y Mark, que cedieron los tablones de una valla antigua.

La tumba, de unos seis pies de profundidad, se excava en tres horas junto al huerto de la madre, sobre un tramo libre del granito que aflora en la zona y con vistas a una ladera de robles, hayas y laurel de montaña. Una lluvia reciente ablanda la arcilla. El cuerpo, envuelto en una manta de seda roja —el color que Lola siempre vestía—, se cubre con girasoles, salvia, pasiflora, algodón, hibisco, romero y albahaca del propio jardín de agosto.

El texto alterna esa logística con el retrato de las últimas horas de la madre: las auxiliares de hospice que la asean y le cantan, la incomodidad que provoca a Lola la voz de su hija —cantante profesional acostumbrada a cantar junto a moribundos— y la calma que llega por fin aquella mañana de martes. El traslado se hace en la parte trasera de un Prius, entre sábanas, con escalas de canto gospel improvisado en el vestíbulo del centro de cuidados. Los vecinos colaboran con herramientas, un brazo mecánico de reserva y el consejo de un anciano: «Cava hondo, pero no más de lo necesario. Y no caves antes de tiempo».

El relato funciona como memoria familiar y como guía informal sobre un derecho poco ejercido: morir y ser enterrado en la propia tierra.