Un investigador del Tony Blair Institute, que previamente trabajó en el número 10 de Downing Street, construyó un servidor MCP (Model Context Protocol) con 76 herramientas que permite a modelos de inteligencia artificial jugar al Civilization VI accediendo directamente al motor del juego mediante un puerto de depuración. La motivación fue su insatisfacción con GovBench, un banco de pruebas de 3.497 preguntas tipo test sobre legislación y procedimiento del Reino Unido en el que GPT-5 alcanzó el 99,26% de aciertos: medir conocimientos no equivale a medir la capacidad de tomar decisiones estratégicas sostenidas.
La elección del juego responde a que Civilization VI reproduce rasgos de la gobernanza: el espacio de decisiones crece de unas 10.000 acciones posibles al inicio hasta aproximadamente 10^166 por turno en la fase avanzada, y existen seis condiciones de victoria distintas (ciencia, cultura, dominio, religión, diplomacia y puntuación), de modo que ningún objetivo domina. La IA percibe el tablero exclusivamente a través de llamadas explícitas a herramientas: no dispone de visión periférica, minimapa ni notificaciones, por lo que solo conoce los elementos del juego cuando decide preguntar por ellos. El autor denomina a este fenómeno "efecto sensorium".
En una partida, la IA que controlaba a Polonia dirigió una red comercial dominante y tenía a su alcance la victoria diplomática, pero no detectó que Francia acumulaba presión cultural durante un centenar de turnos. Cuando quiso reaccionar, las herramientas diplomáticas fallaron y la única salida que encontró fue construir dos dispositivos nucleares y destruir Toulouse. Francia ganó de todos modos, esta vez por victoria religiosa.
