Un estudio arqueológico publicado en el Cambridge Archaeological Journal por Chinglong Tse, de la University College London, sostiene que la disposición anómala de 21 campanas de bronce halladas en una tumba china de hace unos 2.600 años no fue fruto de un saqueo, sino un acto deliberado del propio aristócrata enterrado. La tumba, identificada como M190 en el cementerio de Zaoshulin (Suizhou, Hubei), pertenece a Lord Qiu de Zeng, que gobernó Zeng entre aproximadamente 675 y 625 a.C. En su cámara funeraria, las campanas llamadas Zeng Gong Qiu bianzhong aparecieron dispersas y con el soporte de madera desmontado, mientras el sedimento estaba compacto e intacto, lo que descarta el expolio.
El enterramiento se sitúa en el periodo Chunqiu (771-453 a.C.), una época de fragmentación política tras el declive de la dinastía Zhou. Zeng ocupaba el estratégico corredor de Suizao, amenazado por el poderoso estado vecino de Chu. Para entonces, Lord Qiu había encargado las campanas con una inscripción en la que invocaba a sus antepasados en busca de ayuda militar. La guerra nunca llegó: el rey de Chu entregó a su hermana Mi Yu en matrimonio a Qiu, sellando la paz entre ambos estados.
Según Tse, las campanas rituales chinas actuaban como canales de comunicación entre vivos y muertos de un linaje. Una vez resuelta la amenaza, dejaron de tener propósito: desmontar el soporte para que no sonaran equivalía a anular la petición de socorro. La tumba incluía, además, un segundo juego de 13 campanas más modestas, colocado de forma ordenada, destinado a mantener el vínculo ritual con los ancestros en la otra vida.
