La conjugación de los verbos japoneses suele presentarse como un sistema de dos grupos (verbos en -ru y verbos en -u) con una larga lista de reglas arbitrarias que el estudiante debe memorizar. Este enfoque resulta confuso: no basta con fijarse en la terminación —«kaeru», por ejemplo, es un verbo en -u pese a acabar en -ru— y las excepciones se multiplican al añadir sufijos como -masu, -nai o -tai. Bajo esa capa de complejidad, el artículo describe un mecanismo más elegante basado en dos ideas: el concepto de «tema» del verbo (la parte fija a la que se añaden los sufijos) y la existencia de una vocal comodín.
En la práctica, conjugar equivale a concatenar el tema del verbo con un sufijo. Para verbos como «taberu» (comer), el tema es simplemente «tabe» y la operación es directa: tabe + masu = tabemasu. Para verbos como «nomu» (beber), el tema se escribe como «nom», donde el asterisco representa una vocal comodín que se materializa según el sufijo: nom + (i)masu = nomimasu, nom* + (a)nai = nomanai. Si el tema no termina en comodín, la vocal inicial del sufijo se descarta.
Este modelo explica de forma unificada los tradicionales grupos ichidan y godan: los verbos ichidan (como «taberu») tienen un tema estable y permanecen en una sola fila del silabario hiragana, mientras que los godan (como «nomu») alternan la vocal final y recorren las cinco filas de la tabla. Así, lo que parecía un conjunto de reglas aisladas se reduce a un principio coherente de concatenación con vocales ocultas.
