En un ensayo publicado con el título 'Un millón de kákapos', el autor reflexiona sobre el futuro del software de código abierto en un mundo donde los modelos de lenguaje pueden programar con soltura. Parte de una analogía con la biología evolutiva para sostener que los organismos más robustos a largo plazo no son los más optimizados, sino los más adaptables: cita al kákapo y al panda gigante como ejemplos de especies hiperespecializadas y frágiles, y a los tiburones y las cucarachas como modelos de resiliencia basada en redundancias. A partir de ahí traslada el argumento al terreno del código abierto: si escribir software deja de ser un recurso escaso gracias a la programación agéntica, la cooperación entre comunidades —propia del software libre— se vuelve una estrategia de supervivencia, frente a la competencia pura de los mercados, que solo prosperan cuando hay abundancia. El texto recurre a la hipótesis del gradiente de estrés de Bertness y Callaway y al trabajo de Elinor Ostrom —premio Nobel de Economía en 2009— para mostrar que, ante la escasez, los seres humanos y los ecosistemas tienden a la facilitación, el mutualismo y la autogestión colectiva, no a la competencia. Concluye que las comunidades de código abierto, al compartir recursos, vigilarse mutuamente y mantener redundancias, funcionan como los 'sistemas nerviosos descentralizados' de las especies más longevas: menos eficientes en el corto plazo, pero mucho más capaces de sobrevivir a cambios profundos del entorno tecnológico.
Un millón de kákapos: el código abierto ante la era de la IA
Fuentes:
A Million Kakapos
