Thom Holwerda, editor de OSNews y usuario de Linux desde hace décadas, aceptó el reto promovido por sus lectores de utilizar Windows 11 en exclusiva durante un mes a cambio de donaciones para el sitio. Las reglas eran estrictas: usar la versión estándar del sistema sin herramientas de «debloating», recurrir principalmente a aplicaciones de Microsoft y mantener la cuenta en línea obligatoria por la DMA europea.
La instalación resultó accidentada desde el primer momento. El asistente no detecta otros sistemas de archivos distintos a los de Windows, lo que podría borrar accidentalmente una partición Linux; el trackpad del portátil no funcionó durante la fase WinPE; y el chip Wi-Fi 7 Intel BE200, presentado hace casi tres años, carecía de drivers integrados, obligando a descargarlos manualmente desde otro ordenador. Tras la instalación, los drivers gráficos Intel provocaban pantallas negras al actualizarse, la suspensión S3 estaba rota y hubo que modificar el firmware Dasharo Coreboot para activar S0ix, y los ventiladores giraban a máximas revoluciones de forma errática hasta que una gran actualización de Windows los normalizó.
El artículo documenta paso a paso los escollos técnicos de un usuario avanzado que migra de Linux a Windows 11, y sirve como referencia práctica sobre compatibilidad de hardware y fricciones del sistema operativo de Microsoft en hardware moderno.
