Una cámara de fototrampeo instalada por un ganadero alavés en Campezo registró en diciembre la presencia de un lince ibérico (Lynx pardinus), la primera confirmada en el País Vasco en más de cien años. El ejemplar porta un collar radiotransmisor, lo que indica que procede de los programas de reintroducción desplegados en el sur de la península, en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, y que ha atravesado media España: cada día puede recorrer hasta veinticinco kilómetros.
El avistamiento, difundido por la asociación Hontza Natura Elkartea, supone un hito biológico: la especie, que rozó la extinción a principios de los 2000 con menos de cien ejemplares, supera hoy los 2.700, según los censos del Ministerio para la Transición Ecológica. Su dieta depende en un 90% del conejo de monte, diezmado por la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica vírica, lo que empuja a los felinos a buscar nuevos territorios cuando escasea la presa.
La expansión reabre el conflicto entre conservacionistas, cazadores y ganaderos. PACMA y Ecologistas en Acción piden pasos de fauna y exigen el fin de la caza furtiva, mientras que Fundación Artemisan reclama control cinegético ante la competencia por el conejo. El texto compara la situación con la del jabalí en Cataluña, el lobo gris en Alemania o el oso negro en Canadá: especies celebradas al regresar y convertidas después en problema cuando crecen las poblaciones.
