Un nuevo libro, Inventing ELIZA, recupera del archivo del MIT el código fuente original de ELIZA, el chatbot creado en los años sesenta por Joseph Weizenbaum, y lo analiza por primera vez junto a diálogos inéditos de otras versiones del programa más allá del popular personaje DOCTOR. Los autores sostienen que la historia convencional ha omitido durante décadas una pieza esencial: el código en sí, lo que ha alimentado malentendidos sobre cómo funcionaba y por qué la gente atribuía empatía a una máquina que solo seguía un guion.
El libro examina uno de los diálogos más reproducidos de ELIZA, en el que una paciente hablaba de su novio y de su depresión, para desmontar la idea de que el programa engañara a sus usuarios. En realidad, ELIZA no estaba diseñada para superar el test de Turing, sino para estudiar por qué los seres humanos tienden a proyectar comprensión e inteligencia en sistemas que simplemente responden con patrones lingüísticos repetitivos.
Weizenbaum bautizó al programa como Eliza Doolittle, el personaje de Pigmalion de George Bernard Shaw que aprende a pasar por una mujer de clase alta, y con esa elección vinculó la inteligencia artificial con la performatividad de la identidad. El fenómeno que él mismo detectó, bautizado después como efecto ELIZA, describe la tendencia a leer comprensión donde solo hay símbolos concatenados, una dinámica que los autores consideran plenamente vigente ante la IA generativa actual. La obra incorpora además las teorías de la filósofa Judith Butler sobre la performatividad de género para analizar cómo ELIZA ejecuta, mediante el lenguaje, identidades de género, clase y raza que nunca comprendió.
