El Nerve Lab de la University of the Arts London, primer centro de investigación de este tipo en el Reino Unido, ha abierto esta semana en Londres con el objetivo de analizar mediante imagen cerebral portátil, captura de movimiento y herramientas de inteligencia artificial cómo responde la audiencia, especialmente los menores, a los contenidos audiovisuales y las experiencias artísticas. Uno de sus proyectos estrella, Animating Minds, investiga de qué forma las características concretas de las series de animación infantil —el ritmo, la saturación cromática, el volumen, la frecuencia de planos o la estructura narrativa— influyen en la atención y la comprensión de niños de entre tres y seis años. Para ello, el equipo ha reunido una base de datos con unos 1.000 episodios de dibujos animados populares y está reclutando familias británicas para un estudio en línea. Los responsables aspiran a desarrollar sistemas que permitan a animadores, productores y reguladores anticipar el efecto de un programa en su público objetivo. En paralelo, el proyecto Mathstronauts emplea espectroscopía funcional de infrarrojo cercano (fNIRS) para distinguir, a partir de la actividad cerebral y el rendimiento en un juego matemático, si un niño de siete u ocho años no entiende un concepto como las fracciones o responde de forma impulsiva, y adaptar así el ejercicio. Expertos externos como Heather Kirkorian (Universidad de Wisconsin-Madison) y Roi Cohen Kadosh (Universidad de Surrey) consideran la línea de investigación prometedora, aunque insisten en que las neurotecnologías deben servir para complementar, y no sustituir, la labor docente.
